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El corresponsal: En ejercicio de mis funciones

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El corresponsal: La periferia invisible

Imagen de IA Por Héctor Nuno González, CNP 25.248  Escribo para que la gente recuerde, a propósito de un mundo dominado por la fealdad audiovisual y el empeño de los supremacistas de siempre para que consumamos su ideología, productos y servicios.  Las desigualdad en Venezuela crece a paso de vencedores y en Cojedes se expresa de formas diferentes. Una vuelta por Tinaquillo, Tinaco y San Carlos ofrece un retrato; Otra por la periferia, es decir Girardot, Rómulo Gallegos, Ricaurte, Anzoátegui, Lima Blanco y El Pao para ver otro panorama. Eso sin mencionar lo que el poeta Miguel Mendoza Barreto llama la "periferia invisible". Basta caminar un poco con los sentidos alerta para darse un baño de realidad. Pero caminar con mucho cuidado de no caer en el hueco que dejó Hidrocentro con su respectiva fuga de aguas servidas, tropezar la losa que reportó como casa culminada la Gran Misión Vivienda o, si es de noche, chocar con algo en la oscuridad ante la ausencia de electricidad.  ...

La Rosa más bella del baile

Por Héctor Nuno González  En un pueblito llamado Jiriguaren vivía Rosa María, una trigueña encantadora que desde muy pequeña mostró virtudes excepcionales para el baile del joropo y, muy especialmente, el acompañado con el violín. Con solo trece años, acudía a las fiestas vestida de limpio y con una flor en el pelo, presumiendo su andar pasitrotero y su cuello de jirafa.  Mucho había siempre por hacer en aquellos caseríos remotos y pobres, dedicados por entero a la agricultura. Rosa María era oficiosa y ayudaba a sus padres incluso más de la cuenta, para no tener problemas en la gestión de sus permisos. Limpiaba el borde de los maizales y de la yuca, lavaba todos los días el chiquero de los cochinos, con su canto curaba a las gallinas cluecas, les acomodaba los nidos y cuidaba los huevos de lagartijas prehistóricas; cuando se lo permitían, también pilaba el maíz para las arepas, en un pilón con su mano tallado en madera de cedro.  Era tan virtuosa en el zapateo, moviendo ...

"A esta hora exactamente"

"Es honra de los hombres proteger lo que crece" Por Héctor Nuno González  Van por ahí, sigilosos y con una tristeza en la mirada imposible de ignorar: "Señor, ¿Me puede colaborar para comer comprando caramelos"?  Deberían estar en la escuela, pero en las mañanas merodean en locales de venta de empanadas. Deberían estar a resguardo familiar bajo un techo digno en las noches, pero los vemos en los restaurantes y sitios de comida rápida. Buscan una estrella en el sitio del hambre en los rincones de San Carlos, Tinaquillo y demás ciudades de Venezuela.  Armando Tejada Gómez escribió su poema "Hay un niño en la calle" en 1958, dejando reflexiones hoy vigentes y que van ilustrando este escrito. Nos invita a emplazar el funcionamiento de un mundo donde pocos tienen tanto y la mayoría tiene poco y nada.  ¿Qué haces aquí a esta hora, mi pana?, pregunté una vez. "Mamá está de cumpleaños, quiero llevarle un regalo. Yo doy todo por ella. Ya me falta poquito"...

La enfermera de los ojos verdes

  "Todo pasa por algo". Odiaba esa frase con todo mi corazón, hasta el día que conocí a la enfermera de los ojos verdes, en aquel marzo de sabanas y sábanas ardientes. Yo, acostumbrado a fallar más que Shaq O'Neal desde la raya de tiros libres, me sentí "bañado en leche", como decía mi abuela, cuando aquel ángel dorado se acercó a mí para inyectarme un calmante que aliviara el dolor, después de la brusca caída de la moto en la avenida circunvalación. Sus ojos eran verdes como esmeraldas, su piel de lirio blanco debía provocar la envidia de las ninfas y la serenidad de sus gestos podía tranquilizar hasta a Moby Dick. El médico de guardia interrumpió mis observaciones y cavilaciones: -Tiene fractura de tibia, el resto son golpes menores; necesitamos tenerlo unas horas más para aplicar antibiótico. Esas horas anunciadas por el galeno tuvieron más atención de mi parte que el diagnóstico y el estado de mi golpeada pierna derecha. Me dolía, sí; pero la presenc...

Noticieros, tragedias cotidianas y los millones de Elon

  Por Héctor Nuno González Mientras Teresa rezaba frente al altar de José Gregorio Hernández, suplicando un milagro para su hija, los noticieros matutinos reproducían la fastuosa noticia del aumento en la fortuna de Elon Musk. Ocupado en sus gestiones de canonización, el nuevo santo no atendió la petición y su hija murió por culpa de una mala praxis médica en un hospital de Venezuela que, como casi todos, está lleno de carencias y malas condiciones para la atención a la gente.  Tras cerrar con los millones de Elon, pasaron a dar la novedosa noticia de un video viral de un oso polar que bailaba al ritmo de Oscar de León, y cómo el famoso video difundido por una cuenta anónima alcanzó los 35.789 millones de likes en Instagram, batiendo un nuevo récord de reacciones. Teresa aún estaba hincada cuando el médico de guardia le anunció la trágica noticia. A esa misma hora, murió el señor Juan por no atender a tiempo un problema en la próstata por culpa de la pobreza.  No había lu...

Soliloquio de un mendigo en San Carlos

  Por Héctor Nuno González Tras cometer el acto más infame de mi vida, decidí fingir demencia porque no soportaría mirar los ojos de los demás.  San Carlos es una ciudad de clima duro, pero con la soledad ideal para un mendigo. Aquella noche, durmiendo bajo la estructura de un edificio en construcción, lloré como un niño y me arrepentí una y otra vez de la atrocidad cometida. Mis primeras acciones como deambulante fueron caminar descalzo al mediodía por el centro y sus calles principales, usando solo un bóxer roto, una franela apestosa amarrada a la cabeza y lentes oscuros para evocar algo de algún estilo reciente. Los lentes, además, me ayudaban a ocultar la pena que me carcomía las vísceras y martillaba el pensamiento con una saña apocalíptica.  Tarde o temprano lo descubrirán, eso es seguro, pero para entonces ya todos creerán que estoy loco en verdad. Era domingo y San Carlos flotaba de calor, sus calles solitarias hervían como lava volcánica y mi concienc...