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Al calor de la prosa: Escribir para entender


Escribo para intentar entender, no para tener la razón. No me interesa tener la razón. La palabra se inventó para decir lo que se piensa y es tarea de los escritores ponerla al servicio de la humanidad e invitarla a pensar para evitar su robotización, su deshumanización. 
Escribo para entender la tierra donde nací, su gente, su magia y sus supersticiones, el calor que forja su carácter y emociones, el atardecer hermoso que ilumina el rostro de viejos nobles. 
Escribo para entender los ojos de Alimar y la mirada de mis hijos, la candidez del lirio blanco y los versos del Serenatero. Escribo para entender la nostalgia nacida del recuerdo. Como gasto papeles recordando. 
Escribo para entender el silencio de las cenizas, la tristeza de la sabana en marzo y su alegría en mayo, la fuerza del río crecido en julio y sus aguas diáfanas de febrero.
Escribo para entender al samán centenario y a su sombra que susurra historias. Fluye la prosa ante la erguidez de la ceiba y el color del araguaney en abril. 
Al escribir voy entendiendo mejor la bondad del andino, cada letra me acerca a la brisa de la sierra nevada y a los sueños del trovador, a las quebradas de aguas frías y al aroma de los frailejones.
Escribo para poner el arte al servicio de las causas buenas, como me lo enseñaron Juan Chávez y Eduardo Mariño, para tocar todo con la poesía y abrirme a la vida. Escribo para entender al pescador que susurra una copla, que respeta al río y a sus fantasmas.
Escribo para entender los amores contrariados y un mundo lleno de ellos. Le escribo al cosmos que parece un caos, pero con un método en ello. Escribo para intentar entender las humanas pasiones, no para tener la razón, no me interesa tener la razón.

Héctor Nuno González


Artículo patrocinado por Himo's Mini Mercado y Café. Callejón Las Tejitas de San Carlos, detrás de Cosan.  



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